Vaciado sin cargo en Sant Feliu de Guíxols: la resta que decide si pagas o no pagas

«¿Y de qué vivís, si no me cobráis?» Es lo que nos pregunta, con toda la razón, casi cualquier persona de Sant Feliu que lee que su vaciado puede salir gratis. Nadie trabaja un día entero a cambio de nada, así que la respuesta tiene que estar en otra parte, y está en la propia casa. Dicho en una línea: hay pisos cuyo contenido vale más que el trabajo de sacarlo, y otros en los que no.
En esta entrada desmontamos esa comparación pieza a pieza, igual que la hacemos cuando nos llega un vídeo desde el Centre, desde Sant Pol o desde cualquier pueblo de la costa del Baix Empordà. Cuando termines de leer, podrás echar un vistazo a tu vivienda y saber qué nos interesa ver y qué conviene explicarnos en el primer mensaje.
Lo que vale una jornada, apunte por apunte
«¿Qué cuesta, exactamente, un día de vaciado?» Cuatro cosas. El sueldo de las personas que suben al piso durante esas horas. Cada ida y vuelta del furgón hasta los puntos de descarga. El trabajo de encontrar un destino a cada tipo de material, con su papeleo. Y lo que la planta de tratamiento cobra por los kilos que ya no tienen ninguna otra salida.
Ninguna de esas cuatro es un misterio. Salen del vídeo: cuánto volumen hay, a qué altura está la casa y cuántos metros separan el portal del sitio donde podrá esperar el vehículo. Por eso podemos calcularlas sin pisar la vivienda y darte el resultado antes de comprometer a nadie.
Enfrente se coloca el valor de lo que baja por la puerta
«¿Y qué hay al otro lado?» El dinero que se consigue con lo que sale de tu casa. Un sofá en buen estado, una nevera que enfría, los radiadores de hierro colado, el cobre de una instalación antigua, las herramientas del taller, las bicis, una vajilla completa o una cómoda bien hecha se venden o se reutilizan, y en la comarca hay compradores para todo eso los doce meses del año.
Si ese dinero iguala o supera los cuatro gastos de antes, el trabajo está pagado y tú no pones nada. Si se queda corto, la diferencia es tu presupuesto, y te la enseñamos desglosada antes de que el equipo ponga un pie en tu escalera.
El inventario manda más que los metros de la escritura
«Mi piso tiene ciento veinte metros, ¿me saldrá caro?» No necesariamente. Sesenta metros en Vilartagues llenos de muebles de roble pueden pagar la jornada completa, y ciento veinte en la misma calle con cuatro cosas desperdigadas pueden quedarse lejos. Por eso lo primero que preguntamos es qué hay dentro, no cuánto mide.
Mucha gente se sorprende, porque lo habitual es pedir presupuesto dando la superficie. Los metros solo nos dicen cuánto tardará el equipo en recorrer la casa; lo que de verdad mueve la cifra está dentro de los armarios, en el trastero y en la galería, y en el estado en que se encuentra.
Cada bulto lleva escrito su destino, y eso también suma
«¿Adónde va todo?» Cada cosa, a su sitio, y eso también cuenta en la comparación. Lo que se puede aprovechar se vende o se lo quedan entidades del Baix Empordà, que agradecen sobre todo cacharros de cocina, ropa y muebles útiles. En el propio piso se hacen montones separados de hierro, madera, tela y aparatos desde el primer viaje, y la planta autorizada que los recibe nos da un albarán por cada uno.
Lo que no sirve para nada se paga al peso en la deixalleria: colchones deshechos, muebles de aglomerado hinchados por la humedad del mar, lavabos rotos, sacos de escombro de alguna obra. Un poco no altera el resultado; si ocupa media casa, lo verás como un concepto aparte con los kilos anotados.
Los peldaños se convierten en horas y las horas en cifra
«¿Y si vivo en un tercero sin ascensor?» Entonces cuenta. Con ascensor, o en un bajo, un entresuelo o un primero, los muebles salen casi sin pausas: el carro va y viene, el colchón cabe de pie y el trabajo avanza a buen ritmo. Así una casa entera se vacía en un día, y así es como más veces sale gratis.
Desde el segundo o el tercer piso sin ascensor, cada armario hay que desmontarlo en el rellano, cada somier se dobla antes de girar y cada caja baja a la espalda. En una casa del carrer dels Guíxols esa diferencia son horas de trabajo, y esas horas te las enseñamos con su precio.
La distancia hasta el furgón se mide en metros de acera
«¿Importa dónde aparque el furgón?» Mucho. Alrededor de la Rambla Vidal, la plaça del Mercat y las calles que bajan al Monestir, la calzada es estrecha, hay tramos peatonales y solo se carga por la mañana, así que los muebles hacen andando el trayecto hasta el punto más cercano donde se permite parar.
En Vilartagues, Tueda o Vista Alegre es otra historia: aceras anchas, aparcamiento en línea o vado, y el furgón esperando en la puerta. Por eso dos casas idénticas a un kilómetro de distancia pueden recibir respuestas distintas.
Julio y agosto mueven la hora, no el resultado
«¿Y en verano?» Se puede, cambiando el reloj. En temporada alta, el Passeig del Mar y los accesos a las playas se llenan desde media mañana, así que no cobramos más: empezamos antes, con la acera vacía, y la carga sale igual que en noviembre.
Fuera del verano hay más margen para vaciar con calma y para colocar lo aprovechable antes de cargar, que es lo que más acerca la cuenta a cero. Por eso, si tu calendario lo permite, te proponemos una franja y te explicamos el motivo en la misma respuesta.
Tres casas ganxonas y tres desenlaces distintos
Primer caso: un tercero en Vilartagues con ascensor, comedor completo, una lavadora que funciona y un trastero con bicis y hierro. Sale gratis sin dudarlo, porque hay cosas con comprador, ascensor y sitio abajo, y te lo decimos en dos líneas el mismo día.
Segundo caso: una casa de tres plantas en el nucli antic con la buhardilla llena de escombro viejo. Esta sí tiene precio, y te lo justificamos con horas de escalera y kilos de vertedero. Tercer caso: Sant Amanç, casa con taller anexo, dos bancos de carpintero, perfiles y un rincón de chatarra. Mucho volumen, sí, y aun así cero euros: el hierro se paga al kilo y el furgón se arrima al mismo umbral.
El sí llega redactado antes de que suba el equipo
«¿Y cómo sé que luego no me cobraréis?» Porque si todo cuadra te lo mandamos por escrito antes de tocar un mueble, y ese mensaje es tuyo para guardarlo y enseñarlo. Si algo no cuadra del todo, verás la parte afectada con sus horas, sus viajes y sus tasas, cada una en su línea, y decidirás con el número delante.
No hay más secretos ni sorpresas el día del furgón. Si quieres, consulta qué incluye el trabajo, mira los barrios y pueblos donde trabajamos o envíanos el vídeo desde contacto.
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